Estoy agradecido por el don de la gracia que Dios me concedió para vivir durante 31 años. Pensé que habría muerto a los 22, pero Dios me liberó y me perdonó por mis pecados y lo amo por liberarme de ser un esclavo del pecado y la opresión demoníaca. Me alegra haber sido virgen durante 31 años. Con Dios, sé que el autocontrol es posible. Aunque el sentimiento de soledad sigue ahí, incluso teniendo a Jesús. Desearía estar casada con un hombre. Nunca he compartido el romance con un chico. Y nunca he tenido relaciones sexuales, sin embargo, este deseo ha crecido dentro de mí desde mi adolescencia. No quiero pecar contra Dios fornicando sin estar casada. No quiero desechar de lo que Dios me liberó. Solo desearía estar casada con un hombre para que esta soledad desapareciera.
Ninguna tentación os ha sobrevenido que no sea común a los hombres. Dios es fiel, y no permitirá que seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, para que podáis soportarla.
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