Todos somos hijos de Dios, una vez que dejamos de lado nuestro ego, nos rendimos a Dios para pedirle que proteja nuestra inocencia, es nuestra naturaleza infantil la que será feliz al rendirse a Jesús mismo, amén.
Y él dijo: "En verdad te digo, a menos que cambies y te conviertas como niños pequeños, nunca entrarás en el reino de los cielos."
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