A veces, las oraciones más poderosas son las que nadie más escucha. Los llantos silenciosos, los suspiros agotados, las palabras que apenas logras pronunciar. Dios escucha con compasión y se preocupa profundamente por cada carga que llevas.
El Señor está cerca de los quebrantados de corazón y salva a los abatidos de espíritu.
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