Padre celestial, solo te pido, Señor, que me des la fuerza para seguir con mi fe. Por favor, guíame y fortalece mi rostro cada día cuando la vida se sienta incierta y recuérdame que no estoy solo en esto. Amén
Porque Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio.
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