Gracias, Cordero de Dios, por morir en la cruz como el sacrificio perfecto por todos nuestros pecados. Así, nada puede separarnos de Dios. ¡¡Te adoramos!!
ni la altura ni la profundidad, ni ninguna otra cosa en toda la creación, podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor.
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