Querido Dios,
Tu misericordia y bondad amorosa nunca dejarán de cesar. No serás desechado para siempre y siempre serás favorecido por nosotros. Tus promesas nunca terminarán para nosotros. No abandonarás ni olvidarás tu gracia. No mantendrás tu ira para cerrar tu compasión.
Recordaré toda tu dulzura y bondad para siempre. Estoy bendecido de tenerte como el único que destaca por mí.
Salmo 77:8-10
En el nombre de Jesús
Amén
El amor constante del Señor nunca cesa; sus misericordias nunca llegan a su fin; son nuevas cada mañana; grande es tu fidelidad.
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