Padre en el cielo, te agradezco por tu palabra. ¡Qué regalo! Gracias por darme la oportunidad de renovar mi pensamiento cada día a través de la verdad. Eso lo cambia todo. Cambia mi forma de pensar para que pueda ser transformado. Contigo, puedo ser renovado. ¡Gracias! En el nombre de Jesús, amén.
No se conformen a los patrones de este mundo, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Entonces podrán comprobar y aprobar cuál es la voluntad de Dios, su buena, agradable y perfecta voluntad.
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