Intento rezar, pero no puedo. Siento odio y enojo en mi corazón cuando lo intento. No sé qué decir en mi oración, solo sé cómo pedirle ayuda a Dios, y cuando no sé qué más decir más allá de eso, me rindo, frustrado y desanimado, y no lo toco en todo el día porque quiero evitar la frustración. Mi vida espiritual se está pudriendo, soy insensible, y con cada día que pasa, nada cambia. Necesito un milagro porque he intentado lo que pude, y nada ha cambiado.
De la misma manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos por qué deberíamos orar, pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar con palabras. Y aquel que escudriña nuestros corazones conoce la mente del Espíritu, porque el Espíritu intercede por el pueblo de Dios de acuerdo con la voluntad de Dios.
Comentarios (5)
Join the conversation
Sign In to Comment