Me preguntaron cómo puedo sonreír mientras internamente estoy sufriendo. ¿Cómo puedo reír cuando la alegría me está prohibida? Respondí que tengo una paz plantada dentro de mí por Jesús. Le pido bondad, y Él me sacia de la fuente. Encuentro con Él un consuelo que fluye por todas mis costillas. Así que, a ti que estás triste, clama a Él, porque tu voz siempre es escuchada. Él es capaz de consolarte a ti y a todas las multitudes. Porque, ¿quién más puede consolar a los cansados y enjugar todas las lágrimas? ¿Cómo puedo tener lágrimas... cuando tengo un Señor llamado Jesús.
Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar.
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