Después de ser fumador de cigarrillos durante más de 15 años, un día decidí pedirle a Dios que me lo quitara, ya que sabía que podía hacerlo. Desde ese momento, no tuve antojo ni volví a fumar otro cigarrillo. No hubo otras fuentes de nicotina. Fue como si nunca hubiera fumado. Sin efectos secundarios. Sin reemplazo. Declaré y creí. Con fe, todas las cosas son posibles.
Jesús le dijo: '¡Si puedes! Todas las cosas son posibles para el que cree.'
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